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La comparativa llega siempre con el mismo formato: una tabla con diez fondos, una columna de rentabilidad a diez años y una nota al pie que nadie lee. Los diez baten a su índice. La conclusión parece evidente y está construida sobre una selección hecha después de conocer el resultado.
Medir cuántos fondos de gestión activa superan a su referencia en un plazo largo es un problema estadístico con dos trampas conocidas: los fondos que desaparecen por el camino y el índice contra el que se compara. Resolver bien las dos cambia el resultado de forma radical.
Este texto explica cómo se construye una comparación honesta, qué se sabe de la persistencia de los buenos resultados y cómo comprobar cuál es el índice de referencia real del fondo que uno tiene. No contiene recomendación de comprar ni vender ningún producto, ni cifra de rentabilidad futura de nada.
Las cuatro ideas que ordenan el resto
- La minoría gana a plazos largos. Cuanto más se alarga el periodo, menor es la proporción de fondos que superan a su referencia.
- Los fondos cerrados no aparecen. Una tabla que solo incluye supervivientes no mide la realidad, mide una selección.
- El índice importa tanto como el fondo. Comparar contra una referencia que no corresponde invalida el resultado entero.
- El coste explica buena parte. La comisión se resta todos los años, gane o pierda el gestor.
Cómo se construye la comparación, y por qué casi nunca es limpia
Una comparación bien hecha necesita cuatro decisiones tomadas antes de mirar ningún dato. La primera es la categoría: solo se comparan fondos que invierten en el mismo universo, porque enfrentar un fondo de compañías pequeñas con un índice de grandes compañías no mide habilidad, mide otra cosa.
La segunda es el periodo, fijado de antemano y no elegido a posteriori. La tercera es el punto de partida: la lista de fondos que existían al principio del periodo, no la de los que existen al final. Y la cuarta es qué hacer con los que desaparecieron, que es donde se juega casi todo.
Las comparativas comerciales suelen fallar en la tercera y la cuarta. Parten del catálogo actual, miran hacia atrás y publican el resultado. El procedimiento es cómodo y produce de forma sistemática una imagen mejor que la real, sin necesidad de manipular ni un solo número.
Hay un quinto detalle que también decide: si se mide la rentabilidad del fondo neta de comisiones o antes de ellas. La única cifra relevante para quien invierte es la neta, porque es la que llega a su cuenta.
Qué parte de la gestión activa bate al índice a veinte años
La respuesta honesta empieza por reconocer que no hay un número universal. Depende del mercado, del periodo, de la categoría y de la moneda en que se mida. Lo que sí es consistente entre distintos ejercicios de medición es la dirección: la proporción de fondos que supera a su referencia disminuye a medida que se alarga el plazo.
La explicación no es misteriosa. En un año cualquiera, el conjunto de los gestores activos de un mercado es, en buena medida, ese mercado: unos compran lo que otros venden. Antes de costes, el resultado agregado se parece al del índice. Después de costes, el conjunto queda por debajo, y esa diferencia se acumula año tras año.
De ahí sale una consecuencia aritmética incómoda: para que un fondo esté por encima de la media, otro tiene que estar por debajo. La gestión activa es, en agregado, un juego de suma cero antes de comisiones y de suma negativa después de ellas. Eso no impide que existan gestores excelentes; impide que la mayoría lo sean a la vez.
Por eso las cifras que se publican, sea cual sea el proveedor, suelen mostrar que a veinte años la proporción de supervivientes que superan a su referencia es una minoría clara, y que en algunos mercados esa minoría es muy pequeña. Cualquiera puede verificar el dato en los informes periódicos que publican los proveedores de índices, y conviene mirar la metodología antes que el titular.
El sesgo de supervivencia: los fondos que ya no están en la tabla

Un fondo con resultados malos de forma prolongada tiende a perder patrimonio, y un fondo sin patrimonio deja de ser rentable para la gestora. Lo habitual entonces no es cerrarlo con un anuncio, sino fusionarlo con otro fondo de la casa que va mejor.
Cuando eso ocurre, el historial del fondo absorbido desaparece de las bases de datos comerciales. El partícipe pasa a tener participaciones del fondo superviviente, cuya serie histórica es la que se publica. La mala racha no se ha ido a ningún sitio: ha salido de la tabla.
El efecto sobre las estadísticas es grande y va siempre en la misma dirección. Si se eliminan de la muestra los peores resultados, la media de los que quedan sube. Por eso una comparación seria empieza por la lista de fondos existentes al inicio del periodo y trata las desapariciones como lo que son: un resultado, no una ausencia de dato.
Existe una variante más sutil del mismo problema. Algunas gestoras lanzan varios fondos parecidos a la vez, dejan correr tres o cuatro años y promocionan el que mejor ha ido. La selección no requiere ningún gestor brillante: basta con suficientes intentos simultáneos.
Fusiones y cierres, la salida silenciosa
La fusión de fondos es una operación reglada, con información previa a los partícipes y con derecho de separación sin coste en determinados supuestos. No tiene nada de irregular, y esa es precisamente la cuestión: es un procedimiento normal cuyo efecto estadístico rara vez se explica.
Para el partícipe hay un detalle práctico que sí conviene mirar. La fusión puede cambiar la política de inversión, el índice de referencia, la estructura de comisiones y el perfil de riesgo del producto en el que se está. Recibir la comunicación y archivarla sin leerla es lo habitual y sale caro.
La información sobre fondos registrados, folletos y hechos relevantes de las gestoras es pública. En España se consulta en los registros de la Comisión Nacional del Mercado de Valores, que es la fuente a la que ir cuando la web comercial de la gestora no aclara qué ha pasado con un producto.
El índice de referencia que figura en el folleto y el que corresponde
Todo fondo tiene que declarar en su documentación si gestiona con relación a un índice de referencia y cuál es. La comparación honesta se hace contra ese índice, y ahí aparece el segundo problema clásico de las tablas comerciales.
Un fondo que invierte en compañías europeas de tamaño medio comparado con un índice de grandes compañías puede quedar por encima o por debajo por razones que nada tienen que ver con la habilidad del gestor. Está midiendo la diferencia entre dos universos, no la aportación de las decisiones.
Hay además una cuestión técnica que cambia el resultado de forma apreciable: si el índice se toma con dividendos reinvertidos o sin ellos. Comparar la rentabilidad de un fondo, que sí cobra los dividendos, contra un índice de precios que no los incluye produce una ventaja artificial que se acumula todos los años.
Ese detalle está en la ficha del índice y en el folleto del fondo. Es una de esas comprobaciones que se hacen una vez y ahorran muchas conversaciones, igual que ocurre al decidir qué índice global replicar en una cartera.
Cómo comprobar el índice de referencia real de tu fondo
El procedimiento son cinco pasos y se hace con el documento de datos fundamentales y el folleto delante, ambos accesibles de forma gratuita.
- Localiza la política de inversión. Dice en qué invierte el fondo: geografía, tipo de compañía, tamaño y divisa.
- Busca el índice declarado. El documento indica si hay referencia, cuál es y si la gestión pretende superarla o solo compararse con ella.
- Comprueba la versión del índice. Con dividendos netos, con dividendos brutos o solo precio. La denominación completa lo especifica.
- Mira la divisa de cálculo. Un índice medido en dólares y un fondo denominado en euros no son comparables sin ajustar el tipo de cambio.
- Compara periodos completos. Años naturales cerrados, no ventanas que empiezan en el mes que más conviene.
Si al terminar los cinco pasos resulta que el fondo no declara ningún índice, esa también es información. Un fondo sin referencia declarada no puede ser evaluado contra nada, y la evaluación se convierte en una cuestión de confianza en el gestor.
Persistencia: el que ganó cinco años seguidos y lo que dice de los cinco siguientes
La pregunta que de verdad importa no es cuántos fondos superaron a su índice en el pasado, sino si los que lo hicieron tienden a repetirlo. Eso es lo que mide el análisis de persistencia, y es el que menos aparece en la publicidad.
El método consiste en ordenar los fondos de una categoría por resultado en un periodo, dividirlos en cuartiles y ver dónde están esos mismos fondos en el periodo siguiente. Si la habilidad fuera el factor dominante, el primer cuartil debería seguir en el primer cuartil con una frecuencia alta.
Los ejercicios de este tipo que se publican de forma periódica muestran de manera consistente que la permanencia en el cuartil superior cae con rapidez al alargar el horizonte, y que se acerca a lo que produciría el azar en muchos casos. Ese es el hallazgo relevante, mucho más que el porcentaje concreto de un año.
La lectura práctica no es que la habilidad no exista, sino que identificarla de antemano con datos de rentabilidad pasada es muy difícil. Elegir el fondo que mejor lo hizo los últimos cinco años es una regla que suena razonable y que la evidencia disponible no respalda.
Por qué el coste explica buena parte del resultado
La comisión se resta todos los años, con independencia de cómo vaya el mercado. Es el único componente del resultado que se conoce con certeza antes de empezar, y por eso funciona como el mejor predictor disponible de la rentabilidad relativa futura dentro de una misma categoría.
Sobre un plazo de veinte años, una diferencia de un punto porcentual anual en gastos se convierte en una parte considerable del capital final. No hace falta ninguna estimación de mercado para verlo: es aritmética compuesta aplicada a un descuento constante.
Eso deja al gestor activo con una tarea concreta: superar al índice por un margen igual a su coste adicional, todos los años, de forma sostenida. Es posible, ocurre y hay quien lo consigue. Lo que la aritmética dice es que no puede conseguirlo la mayoría a la vez.
Lo que cambia al medir en euros invertidos y no en fondos
Contar fondos y contar dinero no dan el mismo resultado. Una gestora puede tener veinte fondos pequeños con resultados mediocres y uno grande que concentra el patrimonio, o al revés. Medir por número de productos trata igual a un fondo con cien partícipes y a otro con cien mil.
La medición ponderada por patrimonio responde a otra pregunta, que es la que interesa al conjunto de los ahorradores: qué le ha pasado al dinero. Las dos mediciones son legítimas y suelen dar resultados distintos, así que conviene saber cuál se está leyendo.
Hay una tercera medición, todavía menos frecuente, que tiene en cuenta cuándo entró y salió el dinero de cada fondo. Suele arrojar un resultado peor que el del propio fondo, porque el patrimonio tiende a llegar después de las buenas rachas y a irse después de las malas.
Los cuatro trucos habituales de una comparativa comercial

| Práctica | Cómo se detecta | Efecto sobre el resultado |
|---|---|---|
| Selección de supervivientes | La muestra parte del catálogo actual | Elimina los peores historiales de la tabla |
| Índice sin dividendos | La denominación del índice no incluye la mención de renta | Ventaja artificial acumulativa a favor del fondo |
| Categoría mal asignada | La política de inversión no encaja con el índice usado | Mide diferencias de universo, no de gestión |
| Periodo elegido después | La ventana empieza en un mes que no es un año natural | Permite escoger el tramo que mejor sale |
Ninguna de las cuatro exige falsear un dato. Todas producen una tabla técnicamente correcta y estadísticamente engañosa, y las cuatro se detectan leyendo la metodología antes que los números.
Qué se puede concluir y qué no
Se puede concluir que la comparación honesta a plazos largos es desfavorable para el conjunto de la gestión activa, y que el coste explica una parte importante de esa diferencia. Eso está sostenido por la aritmética del mercado agregado y por mediciones repetidas en distintos mercados.
No se puede concluir que ningún gestor sea capaz de superar a su referencia, porque los datos dicen lo contrario: algunos lo hacen. Lo que no ofrecen los datos es un método fiable para identificarlos por adelantado usando su rentabilidad pasada.
Tampoco se puede concluir nada sobre un fondo concreto a partir de una estadística de categoría. El promedio de un grupo no describe a ninguno de sus miembros, y esa confusión es la que sostiene tanto la publicidad de la gestión activa como buena parte de la crítica que recibe.
La conclusión operativa es más modesta: revisar el índice declarado, el coste total y la coherencia entre política de inversión y referencia. Con esas tres comprobaciones se descarta buena parte de lo que no encaja, sin necesidad de creer ni desconfiar de nadie, y con la misma disciplina que exige cualquier plan a largo plazo que se sostiene en el tiempo.
Preguntas frecuentes
¿Significa esto que la gestión activa no sirve para nada?
No. Significa que, en agregado y después de costes, el conjunto de la gestión activa no puede superar al mercado que compone, y que a plazos largos la proporción de fondos que lo consigue se reduce. Hay excepciones individuales y la dificultad está en identificarlas antes, no después.
¿Cómo sé si mi fondo se compara con el índice correcto?
Leyendo el folleto y el documento de datos fundamentales, donde figuran la política de inversión y el índice declarado. Si el universo del fondo y el del índice no coinciden en geografía, tamaño de compañía o divisa, la comparación no mide lo que parece medir.
¿Por qué se habla tanto de veinte años y no de tres?
Porque a tres años el azar domina el resultado y a veinte se hace más visible el efecto acumulado de los costes y de las decisiones. Los periodos cortos producen listas de ganadores que cambian por completo en la siguiente medición.
¿La gestión indexada tiene también sesgos de medición?
Los tiene, aunque distintos. El principal es la diferencia entre el resultado del índice y el del fondo que lo replica, que recoge comisiones, costes de operar y la técnica de réplica empleada. Ese desvío se mide y figura en la documentación del producto.
¿Qué hago si mi fondo activo lleva años por debajo de su índice?
Antes de cambiar nada conviene comprobar que la comparación es correcta y entender por qué se contrató. Cualquier movimiento tiene consecuencias de coste y fiscales que dependen del envoltorio y de la situación personal, así que la decisión no se toma solo con la cifra de rentabilidad relativa.
¿Dónde se consultan estos estudios sin pagar?
Los proveedores de índices publican informes periódicos de comparación con acceso libre, y los supervisores nacionales difunden estadísticas del sector. Lo importante en todos los casos es leer primero el apartado de metodología, porque ahí está la diferencia entre una medición y un argumento comercial.
La pregunta del título tiene una respuesta que depende del mercado y del periodo, y una constante: cuanto mejor se hace la medición, peor sale el resultado agregado. Esa es la parte que ninguna tabla comercial incluye y la única que cambia una decisión.
