El historial está repartido entre dos plataformas y un monedero propio, con compras hechas en momentos muy distintos, un par de conversiones que en su día no parecieron nada y una comisión diferente en cada línea. La pregunta que hay que contestar al cerrar el ejercicio no es cuánto vale hoy la cartera, sino cuánto costó exactamente lo que salió de ella.
Ahí se atasca casi todo el mundo. Cuando se ha comprado la misma moneda en cinco momentos distintos y después se vende una parte, hace falta una regla que diga qué unidades se están vendiendo. Sin esa regla no hay cálculo: hay una estimación que no se sostiene delante de nadie, empezando por uno mismo.
La regla es primera entrada, primera salida. Sale antes lo que entró antes, y el coste que se resta es el de las unidades más antiguas que siguen vivas. Lo que viene a continuación es el procedimiento para aplicarla a un historial real: qué exportar de cada plataforma, cómo montar la hoja columna a columna y cómo tratar las permutas entre monedas, que es donde se rompe la cuenta. Nada de esto es una recomendación de comprar ni de vender ningún activo.
Lo esencial antes de abrir la hoja
- La regla. Las unidades que salen son siempre las que entraron primero, con independencia de dónde estén guardadas hoy.
- La permuta cuenta. Cambiar una moneda por otra produce un resultado aunque no entre ni salga un solo euro de la cuenta bancaria.
- El dato mínimo. Fecha, tipo de operación, moneda, cantidad, contravalor en euros y comisión. Sin esas seis columnas no hay cálculo posible.
- Los traspasos propios. Mover saldo entre monederos tuyos no genera resultado, pero hay que registrarlo o se pierde el rastro de los lotes.
- Tiempo. Una tarde larga la primera vez, con el historial entero delante. Después, veinte minutos por trimestre si se anota sobre la marcha.
Qué cuenta como transmisión, aunque no haya euros de por medio
La idea extendida es que solo hay algo que calcular cuando se vende y llega dinero a la cuenta corriente. La lista real es bastante más larga, y por eso aparecen resultados en historiales que nunca han tocado un banco.
Producen resultado la venta contra euros, la permuta de una moneda por otra, el pago de un bien o de un servicio entregando moneda y cualquier salida en la que se entregue el activo a cambio de algo. En los cuatro casos hay una transmisión: una posición se cierra y hay que medir con qué diferencia respecto a lo que costó.
No producen resultado la compra, el mantenimiento de la posición y el traslado del saldo entre monederos de tu propia titularidad. Tampoco lo produce ver subir o bajar la cotización: mientras no haya salida, no hay nada que medir.
La consecuencia práctica descoloca a mucha gente. Alguien que ha hecho veinte conversiones entre monedas y ninguna venta contra euros puede tener un resultado considerable que declarar, sin haber recibido nunca una transferencia. El dinero no ha pasado por el banco, pero las posiciones se han cerrado. Quien accede al mercado a través de un producto cotizado sobre bitcoin no se encuentra con esto, porque ahí no hay permutas entre monedas: hay compras y ventas de participaciones.
Qué es el método FIFO en criptomonedas y por qué se aplica
Cuando las unidades de un mismo activo son indistinguibles entre sí, no existe forma material de saber cuál se ha vendido. Una unidad comprada hace tres años y otra comprada el mes pasado son idénticas en la cadena. Como el coste de cada una es distinto y hay que restar uno, la norma resuelve el empate con una convención.
Esa convención, para valores homogéneos, es que se transmiten primero los adquiridos en primer lugar. El criterio administrativo lo ha venido aplicando a las monedas virtuales de la misma clase, con la lógica de que se trata de bienes homogéneos entre sí. Antes de cerrar el cálculo conviene comprobar la normativa vigente del ejercicio, porque el detalle se ajusta con el tiempo.
De ahí sale un efecto que sorprende la primera vez. En una cartera con años a la espalda, las primeras salidas arrastran los costes más antiguos, que suelen ser los más bajos. La ganancia calculada sale mayor de lo que sugiere la intuición, que tiende a emparejar cada venta con la compra más reciente.
Dos precisiones cambian el resultado. La cola de lotes es una por moneda, no una por cartera: cada activo lleva su propia fila. Y esa cola es única con independencia de la plataforma donde esté el saldo, así que no vale calcular por separado lo de una plataforma y lo de otra. Es el punto que más gente incumple sin darse cuenta, y el que más descuadres produce.
Los datos que hay que exportar de cada plataforma

El informe fiscal que ofrecen algunas plataformas es un punto de partida, nunca un resultado. Solo ve lo que ha pasado dentro de esa plataforma: si compraste allí y vendiste en otra, o si trajiste saldo desde un monedero propio, ese informe no tiene manera de conocer el coste real de lo que salió.
Lo que hace falta es el histórico completo de movimientos, exportado en formato de hoja de cálculo, no el resumen anual. Debe incluir fecha y hora, tipo de operación, moneda, cantidad exacta con todos sus decimales, contravalor en euros y comisión, con la moneda en que se cobró la comisión.
Cuando la operación fue contra otra moneda y no contra euros, el contravalor hay que reconstruirlo con el valor en euros de ese día. Elige una referencia de precios, apúntala en la propia hoja y no la cambies a mitad del ejercicio. La coherencia importa más que la fuente concreta, y poder explicar de dónde salió cada cifra vale más que afinar el tercer decimal.
De los monederos propios se exporta el histórico de la dirección, con la comisión de red de cada movimiento. Un historial sin ese tramo tiene un agujero justo donde más cuesta taparlo después.
La hoja de cálculo, columna por columna
Con dos pestañas es suficiente. La primera guarda los movimientos, en bruto y sin tocar. La segunda guarda los lotes vivos, que es donde ocurre el cálculo de verdad.
La pestaña de movimientos lleva ocho columnas: fecha, plataforma o monedero, tipo de operación, moneda, cantidad, contravalor en euros, comisión en euros y una nota libre. La nota es la columna que más se agradece un año después, cuando ya nadie recuerda por qué aquella línea era distinta.
La pestaña de lotes lleva cuatro: fecha de entrada, moneda, unidades que quedan vivas y coste unitario. El coste unitario se calcula una sola vez, al crear el lote, sumando la comisión de compra al importe y dividiendo entre las unidades adquiridas. A partir de ahí ese número no se toca nunca más.
Antes de empezar, ordena todo por fecha ascendente y congela ese orden. Un historial que mezcla formatos de fecha de dos plataformas distintas devuelve un resultado diferente cada vez que se recalcula.
El cálculo, operación a operación
El procedimiento es mecánico y no admite atajos. Se recorre el historial una vez, en orden, aplicando siempre los mismos seis pasos.
- Ordena todo por fecha y hora ascendente. Una operación fuera de sitio desplaza el coste de todas las siguientes.
- Crea un lote por cada entrada. Compra o permuta recibida, con su coste unitario ya calculado y la comisión incorporada.
- En cada salida, consume del lote vivo más antiguo. Resta las unidades de ese lote y deja anotado el saldo que queda.
- Si la salida agota un lote, sigue por el siguiente. Una venta puede consumir tres lotes distintos y llevarse tres costes unitarios distintos.
- Calcula el resultado de la operación. Valor de transmisión menos gastos de la venta, menos el coste de adquisición de las unidades consumidas.
- Cierra la línea antes de pasar a la siguiente. Con los lotes actualizados. Saltarse este paso es la causa habitual de que las unidades no cuadren al final.
Al terminar, la suma de unidades vivas en la pestaña de lotes tiene que coincidir exactamente con el saldo real de esa moneda. Si no coincide, falta un movimiento en algún sitio y no sirve de nada seguir hasta encontrarlo.
Un historial de ejemplo, resuelto de principio a fin
Las cifras que siguen son de ejemplo y están redondeadas a propósito para que las cuentas se vean. Las monedas se llaman A y B justamente para dejar claro que el criterio no depende de cuál sea el activo ni de lo que haya hecho su precio.
| Fecha | Operación | Unidades | Importe en euros | Lote consumido | Resultado |
|---|---|---|---|---|---|
| 12 de enero | Compra de A | 200 | 6.000 + 30 de comisión | Crea lote a 30,15 por unidad | No aplica |
| 5 de abril | Compra de A | 100 | 4.000 + 20 de comisión | Crea lote a 40,20 por unidad | No aplica |
| 18 de julio | Venta de A | 150 | 6.300 — 25 de comisión | 150 del lote de enero | +1.752,50 |
| 2 de octubre | Permuta de A por B | 50 | 2.300 de contravalor | 50 del lote de enero | +792,50 |
La venta de julio consume 150 unidades del lote de enero, a 30,15 euros cada una: 4.522,50 euros de coste. El valor de transmisión, ya descontada la comisión, es de 6.275 euros. La diferencia, 1.752,50 euros, es la ganancia de esa operación.
La permuta de octubre agota las 50 unidades que quedaban del lote de enero, con un coste de 1.507,50 euros, frente a un contravalor de 2.300 euros. Salen 792,50 euros más. El ejercicio cierra con 2.545 euros de ganancia y con dos posiciones vivas: las 100 unidades de A compradas en abril y las unidades de B que entraron en octubre con un coste de adquisición de 2.300 euros.
Las permutas entre monedas, donde se rompe la cuenta

Una permuta hace dos cosas a la vez, y por eso genera el doble de errores que cualquier otra operación. Cierra la posición en la moneda entregada, con su resultado calculado por orden de entrada, y abre una posición nueva en la moneda recibida.
La segunda mitad es la que se olvida. La moneda recibida no entra con coste cero: entra con el valor en euros de lo que se entregó ese día. Si esa cifra no se anota, la venta futura de esa moneda se calculará restando cero, y la ganancia saldrá inflada por el importe entero de la operación.
Las monedas estables no son una excepción por el hecho de mantener una paridad. Convertir a una de ellas es una permuta como cualquier otra, con su resultado y su nuevo coste de adquisición. Que el precio se mueva poco no cambia la naturaleza de la operación, solo hace que el resultado suela ser pequeño.
Y hay un caso frecuente que conviene mirar dos veces: las permutas encadenadas hechas en cuestión de minutos para llegar de una moneda a otra pasando por una tercera. Cada tramo es una operación independiente, con su valoración del momento. Registrarlas como un único salto es cómodo y deja el historial descuadrado.
Comisiones, y dónde suma cada una
Las comisiones cambian el resultado y se colocan en sitios distintos según el momento en que aparecen. La regla es sencilla si se piensa en qué operación está pagando cada una.
- Comisión de compra. Suma al coste de adquisición del lote. Sube el coste unitario y, por tanto, reduce la ganancia futura.
- Comisión de venta. Resta del valor de transmisión. Sale de la parte de arriba de la resta, no de la de abajo.
- Comisión de la permuta. Se reparte según se cobre: si se descuenta de lo entregado, afecta al valor de transmisión; si se descuenta de lo recibido, afecta al coste del nuevo lote.
- Comisión de red en un traspaso propio. No hay transmisión detrás, así que no encaja como gasto de una operación. Si se paga en la propia moneda, salen unidades del saldo y hay que registrarlas para que el recuento cuadre.
Ese último punto es discutido y conviene consultarlo si el importe anual es significativo. Lo que no se discute es que las unidades pagadas en comisión desaparecen del saldo: si la hoja no lo refleja, el recuento deja de cuadrar.
Traspasos entre tus monederos y lo que no genera resultado
Mover saldo de una plataforma a un monedero propio, o de un monedero a otro, no es una transmisión. No hay contraparte, no hay precio y no hay nada que medir. Pero el movimiento sí tiene que estar en la hoja, porque el lote viaja con su fecha original y con su coste original.
El error clásico consiste en tratar la entrada en el monedero como si fuera una compra nueva, valorada al precio del día. El coste de adquisición se infla, la ganancia futura se desploma y el historial deja de cuadrar con las unidades reales. Es un fallo silencioso: la hoja no se queja, simplemente devuelve un número equivocado.
La forma de evitarlo es etiquetar cada traspaso y enlazar la salida con su entrada mediante un identificador común. Con dos columnas más, la revisión de dentro de tres años se hace en diez minutos y no en una tarde.
La cola de lotes es única por moneda y la plataforma solo indica dónde está guardado el saldo, igual que la ubicación de un billete no cambia su valor. Esa separación entre el activo y el sitio donde se custodia es la misma que ordena buena parte de los cambios recientes en los servicios financieros.
Los cinco descuadres más habituales
Casi todos los cálculos que no cierran fallan por una de estas cinco cosas. Revisarlas en orden ahorra horas de buscar a ciegas.
- Las unidades no cuadran. Falta el histórico de una plataforma o de una dirección. Hasta que aparezca, cualquier resultado es provisional.
- Coste cero heredado de una permuta. Se registró la salida y no la entrada. La moneda recibida figura sin coste de adquisición.
- Doble contabilización del traspaso. El mismo saldo aparece como venta en origen y como compra en destino, y genera un resultado que no existe.
- Comisiones ignoradas en una de las dos puntas. Suele faltar la de compra, porque va incorporada al importe cargado y no aparece en línea aparte.
- Cambio de referencia de valoración a mitad de año. Dos fuentes distintas para el mismo tipo de operación dejan el historial sin criterio único.
Los tres primeros se cierran completando datos. Los dos últimos se cierran rehaciendo el tramo afectado con el criterio correcto, que casi siempre es más rápido que intentar parchear línea a línea.
Qué guardar, y durante cuánto tiempo
El cálculo no vale nada sin el soporte que lo respalda. Guarda las exportaciones originales tal como salieron, sin editarlas, y la hoja de trabajo en un archivo aparte. Si alguna vez hay que explicar un número, lo que sostiene la explicación son los archivos de origen, no la hoja.
Una carpeta por ejercicio, con las exportaciones de cada plataforma, los justificantes bancarios y una nota de media página que diga qué referencia de precios se usó. Se monta en quince minutos al cerrar el año.
El plazo de conservación tiene una particularidad propia de este cálculo. Además del periodo en que un ejercicio puede revisarse, hay que guardar los soportes mientras queden lotes vivos comprados en ese año, porque su coste se seguirá restando en el futuro. Una compra de hace ocho años puede ser el coste de una venta de mañana, y sin su justificante no se puede acreditar.
Si la custodia está fuera de España, pueden existir obligaciones informativas adicionales con sus propios plazos y umbrales, distintas del cálculo del resultado. Conviene comprobarlo cada año en la sede electrónica de la Agencia Tributaria, porque es de las cosas que cambian y de las que se sancionan por omisión. Tener la casa ordenada con los papeles es la misma disciplina que evita los tropiezos financieros más repetidos de los primeros años.
Preguntas frecuentes
¿Puedo usar el precio medio de compra en lugar del orden de entrada?
El precio medio es cómodo y da un número distinto, casi siempre menor en carteras antiguas. El criterio aplicable a bienes homogéneos es el de primera entrada, primera salida, así que el resultado calculado con media ponderada no coincide con el que corresponde. Si ya lo has hecho así en años anteriores, conviene revisarlo con un profesional antes de repetirlo.
¿Cambiar una moneda por otra tributa aunque no reciba euros?
Sí. La permuta es una transmisión: se entrega un activo y se recibe otro, y la diferencia entre el valor de lo entregado y su coste de adquisición es el resultado. Que la contraprestación no sea dinero no elimina la operación, solo obliga a valorarla en euros con el precio del día.
¿Y si una de las plataformas que usé ya no existe?
Se reconstruye con lo que quede: correos de confirmación de cada operación, extractos bancarios de las transferencias hechas hacia ella y desde ella, y los movimientos de entrada y salida visibles en la cadena. No es un historial perfecto, pero es un soporte razonable y documentado, que es lo que se puede exigir.
¿La comisión de red al mover entre mis monederos se resta de algo?
No corresponde a ninguna transmisión, así que no encaja como gasto de una venta. Lo que sí hay que hacer siempre es descontar del saldo las unidades pagadas como comisión, para que el recuento de lotes coincida con el saldo real. Si el importe anual es relevante, consúltalo antes de cerrar el ejercicio.
¿Qué ocurre si el año cierra en pérdida?
Las pérdidas patrimoniales se integran con las ganancias del mismo tipo y el saldo negativo que quede puede compensarse en ejercicios siguientes, dentro de los límites y los plazos que fija la normativa vigente. El cálculo, en todo caso, se hace igual: la regla de orden de entrada no cambia porque el resultado salga negativo.
Aplicar el método FIFO en criptomonedas no es difícil, es tedioso, y esa es exactamente la razón por la que se deja para el final y sale mal. Media hora al trimestre anotando cada operación mientras se recuerda por qué se hizo convierte el cierre del ejercicio en un trámite de comprobar sumas.
