Inland general cargo ship, EEMS DELFIA - IMO 8411633, in the Albert Canal at Eben-Emael, Wallonia, Belgium on September 14, 2019. The EEMS DELPHIA is used for short-sea shipping in both European and coastal waters and canals. The shape of the bow splits waves in coastal water. The relatively flat bottom allows shallow canal passage. masthead pole and other protruding equipment has been lowered for transiting under canal bridges.
No existe un censo público de tiendas de envío directo abiertas y cerradas, así que cualquiera que dé un porcentaje se lo está inventando. Lo que sí puede reconstruirse es la aritmética, y la aritmética explica sin ningún misterio por qué el ciclo se agota tan rápido.
El modelo consiste en vender un producto que no tienes, cobrar al cliente, encargarlo a un proveedor y que este lo envíe directamente. Sobre el papel elimina el inventario, el almacén y el capital inmovilizado. En la práctica traslada el problema a otro sitio: el margen por pedido es pequeño y el coste de conseguir ese pedido lo fija un mercado de subastas en el que no mandas.
Lo que sigue desmonta la cuenta de resultados de una tienda sin inventario con un ejemplo trabajado de principio a fin. Las cifras del ejemplo son un supuesto para que se vea la mecánica, no una medición de ningún sector concreto.
La cuenta que casi nadie hace antes de abrir
- El margen por pedido. En un producto de menos de treinta euros suele quedar entre diez y doce euros después de producto, envío y pasarela.
- El coste de captación. Con un clic a treinta y cinco céntimos y una conversión del 2 %, cada venta cuesta 17,50 euros de publicidad. La cuenta ya está rota.
- Las devoluciones. Cada devolución destruye el margen de dos ventas, porque el producto rara vez vuelve.
- El plazo. Un envío de tres o cuatro semanas multiplica incidencias, reclamaciones y contracargos.
- La responsabilidad. Ante el cliente respondes tú, no el proveedor. La garantía legal y el desistimiento son tuyos.
Los seis meses no son una estadística, son una consecuencia
El calendario típico se repite con una regularidad casi mecánica. Primer mes: montar la tienda, elegir catálogo, primeras pruebas de anuncios. Segundo y tercero: encontrar un producto que convierte y aumentar la inversión publicitaria. Cuarto: llegan las primeras devoluciones y las primeras reclamaciones de pedidos que no han llegado.
Entre el quinto y el sexto mes ocurren dos cosas a la vez. El coste por venta sube, porque el público inicial se agota y hay que pagar más por llegar al siguiente. Y el margen baja, porque las devoluciones y las incidencias ya se han acumulado lo suficiente como para aparecer en la cuenta.
Ese cruce es el final. No hace falta ningún desastre: basta con que el coste de conseguir una venta supere el margen de esa venta durante unas semanas seguidas, porque en ese momento vender más significa perder más.
La particularidad del modelo es que la señal llega tarde. Como se cobra por adelantado y se paga al proveedor después, la caja parece sana durante un tiempo mientras el resultado ya es negativo. Confundir tesorería con beneficio es lo que mantiene abierto un proyecto que dejó de funcionar dos meses antes.
Por qué fracasa el dropshipping, causa por causa
Las causas no son morales ni de esfuerzo. Son estructurales del modelo, y se pueden enumerar.
- Margen unitario bajo. El producto se compra al mismo proveedor que abastece a cualquiera, así que el precio de coste no es una ventaja.
- Coste de captación al alza. Se compite en subasta con otros anunciantes por la misma atención, y el precio lo fija esa subasta.
- Sin repetición de compra. Muchos productos son de compra única, así que cada venta hay que pagarla entera otra vez.
- Plazos largos. Semanas de espera generan incidencias, cancelaciones y reseñas negativas que encarecen la captación siguiente.
- Cero control de calidad. Nunca has visto el producto que envías, y la primera vez que lo ves es en la foto de una reclamación.
- Responsabilidad legal completa. El vendedor eres tú a todos los efectos, aunque no toques el paquete.
- Dependencia de una plataforma. Un cambio de política publicitaria o el cierre de una cuenta corta los ingresos de un día para otro.
Ninguna de las siete es insalvable por separado. El problema es que se refuerzan entre sí: el plazo largo baja la conversión, la conversión baja sube el coste por venta, y el coste por venta alto obliga a subir el precio, lo que vuelve a bajar la conversión.
La cuenta de una venta, línea a línea

El ejemplo usa un producto de cocina vendido a 29,95 euros con envío incluido. Todas las cifras son un supuesto elegido para ilustrar el cálculo.
| Concepto | Importe | Nota |
|---|---|---|
| Precio de venta con impuesto | 29,95 € | Lo que paga el cliente |
| Base sin impuesto | 24,75 € | El impuesto no es ingreso tuyo |
| Coste del producto | −8,50 € | Puesto en destino |
| Envío al cliente | −3,90 € | Anunciado como gratuito, pagado por ti |
| Comisión de la pasarela | −0,90 € | Porcentaje más importe fijo por operación |
| Margen de contribución | 11,45 € | Antes de publicidad y de costes fijos |
Once euros y medio es todo lo que hay para pagar la publicidad, los costes fijos, las devoluciones y el beneficio. Cuando el precio de venta es más bajo, que es la tentación habitual para mejorar la conversión, esa cifra se reduce más deprisa que el coste, porque el producto y el envío no bajan.
Conviene marcar la segunda fila. El impuesto sobre el valor añadido que cobras no forma parte de tus ingresos: es un importe que recaudas y que devuelves cada trimestre. Contar los 29,95 como ingreso y gastarlos es el error de tesorería que más proyectos pequeños entierra, y aparece igual en cualquier negocio digital de bajo capital inicial.
El coste de captación es el que decide, y no lo fijas tú
Una tienda nueva no tiene tráfico propio. No la conoce nadie, no aparece en buscadores y no tiene lista de clientes. Todo el tráfico se compra, y su precio se determina en una subasta contra anunciantes que tienen más margen, más datos y más presupuesto.
El coste por venta sale de dos números: lo que pagas por cada visita y qué porcentaje de esas visitas acaba comprando. Un clic a treinta y cinco céntimos con una conversión del dos por ciento significa cincuenta visitas por venta, y por tanto 17,50 euros de publicidad por cada pedido.
Con un margen de 11,45 euros, cada una de esas ventas pierde algo más de seis euros antes de tocar los costes fijos. Y ese resultado empeora al escalar, porque llegar a más gente dentro del mismo público implica pagar más por el mismo clic o aceptar una conversión menor.
Aquí está la asimetría que define el modelo. El proveedor tiene su margen asegurado, la plataforma publicitaria cobra pase lo que pase, la pasarela cobra por operación, y el único que asume la variabilidad completa es quien pone la tienda. Es una posición de tomador de precios en las dos puntas.
Cuánto puede pagarse por cliente, según clic y conversión
La tabla cruza precio del clic y tasa de conversión para dar el coste por venta resultante. La referencia es el margen de contribución del ejemplo, 11,45 euros.
| Coste por clic | Conversión 1 % | Conversión 2 % | Conversión 3 % |
|---|---|---|---|
| 0,20 € | 20,00 € | 10,00 € | 6,67 € |
| 0,35 € | 35,00 € | 17,50 € | 11,67 € |
| 0,60 € | 60,00 € | 30,00 € | 20,00 € |
De las nueve combinaciones, solo dos quedan por debajo del margen disponible, y ambas exigen un clic barato junto a una conversión alta. La casilla central, que es la más parecida a lo que encuentra una tienda nueva, deja la operación en pérdidas desde el primer pedido.
Hay una tercera variable que la tabla no recoge y que lo cambia todo: cuántas veces compra el mismo cliente. Si compra tres veces, el coste de captación se reparte entre tres pedidos y la casilla central deja de ser mortal. El problema es que el catálogo típico de estas tiendas está formado por productos de compra única.
Por eso la pregunta que ordena el proyecto no es cuánto cuesta traer un cliente, sino cuánto deja ese cliente a lo largo del tiempo. Sin recompra, ese valor es el margen de un solo pedido y el techo está puesto desde el principio.
Las devoluciones se comen el margen de varias ventas
En una compra a distancia, el consumidor dispone de catorce días naturales para desistir sin justificación y sin penalización. Si no se le informó correctamente de ese derecho, el plazo se amplía muchísimo, hasta doce meses adicionales.
La devolución obliga a reembolsar el importe pagado. El coste del envío de retorno puede corresponder al consumidor si se le informó antes de comprar, pero cuando el producto salió de Asia ese retorno cuesta más que el propio producto, así que en la práctica se reembolsa y se da el artículo por perdido.
Con el ejemplo anterior, cada devolución supone perder el producto, el envío de ida y la parte fija de la comisión: alrededor de 12,40 euros de salida neta. Sobre cien pedidos con cinco devoluciones, el margen conjunto pasa de 1.145 a unos 1.026 euros, y el margen medio por pedido baja de 11,45 a 10,26.
Cinco devoluciones de cada cien parecen pocas. Son suficientes para borrar más de un diez por ciento del margen, y en categorías con talla, color o expectativa de calidad la tasa es bastante mayor. Ese punto rara vez aparece en las hojas de cálculo iniciales.
Veinte o cuarenta días de entrega, y lo que eso desencadena

Un plazo largo no es solo una molestia para el cliente: es un generador de costes en cadena. Cuanto más tarda el paquete, más correos de seguimiento hay que responder, más cancelaciones se piden y más reclamaciones acaban en la pasarela de pago.
Las reclamaciones ante el emisor de la tarjeta tienen dos efectos. El importe se retiene o se devuelve, y muchas pasarelas cobran además una comisión por gestionar la disputa. Una tasa alta de incidencias puede llevar a que la pasarela endurezca las condiciones o retenga fondos como garantía.
El plazo también afecta a la parte de arriba del embudo. Anunciar una entrega de tres o cuatro semanas baja la conversión; ocultarla hasta el final del proceso de compra sube el abandono del carrito y multiplica las devoluciones. No hay una salida buena si el proveedor está a diez mil kilómetros.
A eso se suma que la información de seguimiento de los envíos más baratos suele ser pobre, con largos periodos sin actualizaciones. Durante esos días el cliente escribe, y responder consume el tiempo que no se está dedicando a mejorar el producto o la oferta.
Quién responde ante el cliente cuando el paquete no es lo prometido
La respuesta es sencilla y descoloca a mucha gente: responde el titular de la tienda. Ante el comprador, el vendedor eres tú, aunque nunca hayas tocado la mercancía y aunque el proveedor esté en otro continente.
Eso significa asumir la garantía legal de conformidad de los bienes, cuyo plazo se amplió en España y hoy alcanza los tres años desde la entrega para los contratos celebrados a partir de 2022. Significa también atender el desistimiento, la información precontractual obligatoria y las obligaciones sobre seguridad y etiquetado del producto.
El proveedor, por su parte, no tiene ninguna relación contractual con tu cliente. Si el artículo llega roto o no se parece a la foto, la reclamación es tuya y la reposición la pagas tú, con independencia de lo que consigas después del fabricante. El texto consolidado de la normativa de consumo está publicado en el Boletín Oficial del Estado.
Hay una consecuencia menos evidente. Cuando el catálogo se importa automáticamente de un proveedor, se venden artículos cuyas características técnicas y cuyo cumplimiento normativo nadie ha comprobado. Esa exposición no se cubre con un aviso legal copiado.
El impuesto que no es tuyo y la importación que sí lo es
La actividad exige alta censal y alta en el régimen de trabajadores por cuenta propia, con la cuota reducida de inicio si se cumplen las condiciones vigentes. A partir de ahí hay declaraciones trimestrales, y el impuesto sobre el valor añadido cobrado al cliente se ingresa cada trimestre.
La parte de importación tiene reglas propias. Desde la reforma del comercio electrónico en la Unión Europea, no existe una exención general para envíos de escaso valor procedentes de fuera del territorio comunitario: el impuesto se devenga y alguien lo paga. En las ventas a distancia de bienes importados en envíos de valor reducido, el vendedor puede acogerse a un régimen de ventanilla única para declararlo, y si no lo hace el cobro acaba recayendo en el destinatario en el momento de la entrega.
Ese detalle destruye la experiencia de compra cuando nadie lo ha previsto. El cliente recibe un aviso pidiéndole un importe adicional por un pedido que creía pagado, y el resultado es una reclamación, una devolución y una reseña negativa. La Agencia Tributaria publica el detalle de los regímenes aplicables a estas ventas.
Si además se vende a clientes de otros países de la Unión Europea, superar el umbral común de ventas a distancia obliga a repercutir el impuesto del país de destino, con el sistema de ventanilla única como vía de declaración. Todo esto es gestionable, pero es trabajo administrativo real que consume horas y honorarios.
Los costes fijos que hay que cubrir antes de ganar un euro
Los costes fijos de una tienda pequeña no son enormes, pero existen desde el primer día y no dependen de que se venda.
- Plataforma de comercio. La suscripción mensual del escaparate.
- Aplicaciones. Importación de catálogo, reseñas, correos automáticos, seguimiento de envíos. Se acumulan sin que nadie lleve la cuenta.
- Dominio y correo profesional. Poca cosa, pero recurrente.
- Asesoría. Las declaraciones trimestrales y el cierre anual.
- Cuota de la Seguridad Social. Con el importe que corresponda al tramo de ingresos y a la reducción de inicio.
Con el margen efectivo de 10,26 euros por pedido del ejemplo, cubrir unos doscientos veinte euros de costes fijos mensuales exige veintidós pedidos al mes sin gastar nada en publicidad. Como la publicidad es la única fuente de tráfico, ese equilibrio no llega nunca por esa vía.
La cuenta completa, con cien pedidos al mes y un coste de captación de 17,50 euros, da un resultado mensual claramente negativo, y empeora cuanto más se vende. Ese es el punto que distingue a este modelo de un negocio con problemas: aquí el crecimiento no es la solución, es el acelerador. Antes de encender la publicidad conviene medir de dónde vendrán los ingresos recurrentes, si es que van a venir de algún sitio.
Qué haría falta para que la cuenta cerrara
El modelo no es imposible. Es que las condiciones que lo harían viable son, casi todas, lo contrario de lo que lo hace atractivo a primera vista.
- Margen de contribución de tres a cuatro veces el coste de captación objetivo. Con cesta media alta o con producto diferenciado, no con artículos de catálogo común.
- Proveedor cercano. Entrega en días, no en semanas, y devoluciones gestionadas dentro del mismo mercado.
- Producto con recompra. Consumible, recambio o suscripción, para repartir el coste de captación entre varios pedidos.
- Tráfico que no se paga entero. Contenido, buscadores, correo, comunidad. Depender solo de la subasta publicitaria es depender de un coste que sube.
- Control de calidad real. Pedir muestras, revisar el producto y responder por él con conocimiento de causa.
- Umbral escrito antes de empezar. Un coste por venta máximo y una fecha, con el compromiso de parar si no se cumple.
Cumplidas esas seis, lo que queda ya no es exactamente una tienda de envío directo: es un comercio pequeño que ha externalizado la logística. Y esa, precisamente, es la versión que sí sobrevive. La automatización de tareas administrativas ayuda a sostenerlo, en la línea de lo que se ve al repasar la aplicación de herramientas automáticas en empresas pequeñas.
Preguntas frecuentes
¿Puedo empezar sin darme de alta mientras pruebo?
Vender de forma habitual a consumidores es una actividad económica, con alta censal y con las obligaciones que le corresponden. Además, sin alta no puedes emitir factura ni recuperar el impuesto soportado, y la pasarela de pago pedirá datos fiscales para operar. Probar sin alta suele acabar siendo más caro que la cuota.
¿Cómo sé si un producto tiene margen suficiente antes de anunciarlo?
Con la cuenta de una venta completa: precio con impuesto, base, coste del producto, envío, comisión de pasarela y una previsión de devoluciones. El resultado es el margen de contribución, y ese es el techo de lo que puedes pagar por conseguir un cliente. Si ese techo está por debajo del coste por venta que ves en las primeras pruebas, el producto no funciona a ese precio.
¿Sirve subir el precio para arreglar el margen?
A veces sí, porque un precio más alto puede sostener la misma conversión si la oferta lo justifica. Pero hay que medirlo, no suponerlo: subir el precio un veinte por ciento y perder un tercio de la conversión empeora la cuenta. La prueba se hace con presupuesto pequeño y comparando el coste por venta, no la tasa de clics.
¿Qué pasa si el proveedor desaparece con pedidos pendientes?
Los pedidos siguen siendo tu obligación. Hay que reembolsar o entregar, y el reembolso sale de una caja que ya ha gastado el dinero en publicidad. Por eso conviene tener una reserva equivalente a varias semanas de pedidos y no trabajar con un único proveedor cuando el volumen empieza a subir.
¿Es legal el envío directo en España?
El modelo en sí no está prohibido. Lo que está regulado es todo lo demás: el alta, el impuesto, la información precontractual, el derecho de desistimiento, la garantía legal y las obligaciones de seguridad del producto. Quien cumple con eso opera con normalidad; quien no, acumula un riesgo que aparece en la primera reclamación seria.
La conclusión no es que no se pueda vender sin almacén. Es que el margen de un pedido de treinta euros no aguanta el precio de comprar cada cliente de uno en uno, y ninguna optimización de anuncios arregla una resta que sale negativa desde la primera línea.
