Joost J. Bakker IJmuiden / CC BY 2.0
La aplicación del bróker dice que la cartera va un ocho por ciento arriba en el año. La hoja de cálculo, con las mismas posiciones y las mismas fechas, dice cuatro. Ninguna de las dos está equivocada: miden cosas distintas y las dos tienen su utilidad.
La diferencia aparece en cuanto hay entradas y salidas de dinero durante el periodo. Una de las dos cifras evalúa cómo se han comportado los activos con independencia de cuándo aportaste; la otra evalúa cómo te ha ido a ti, con tus aportaciones en las fechas en que las hiciste.
Saber cuál está mirando cada una evita dos errores caros: compararse con un índice usando el número equivocado y creer que la cartera va bien cuando lo que va bien es el activo. Lo que sigue es el cálculo completo en hoja de cálculo, con un año resuelto paso a paso. No hay aquí recomendación de compra ni de venta de ningún producto, ni previsión de rentabilidad.
Lo esencial antes del cálculo
- Dos métodos, dos preguntas. Uno mide el activo; el otro mide tus decisiones de aportación.
- El bróker enseña el que le corresponde. Su gestión no decide cuándo aportas, así que informa del que no depende de eso.
- La diferencia crece con las aportaciones. Cuanto más grandes son respecto a la cartera, más se separan las dos cifras.
- Los datos mínimos. Valor al inicio, valor al final y cada movimiento con su fecha e importe.
- Después vienen dos correcciones. Descontar la inflación y descontar los impuestos cambia el resultado, y son las dos que casi nadie aplica.
Dos cifras distintas para la misma cartera
Imagina una cartera de diez mil euros que en enero sube con fuerza, en junio recibe una aportación de veinte mil y en el segundo semestre cae. El primer tramo, el bueno, se aplicó sobre poco dinero; el segundo, el malo, sobre mucho.
Un método que mida los tramos por separado y los encadene dirá que el año fue razonable, porque los tramos se compensan. Otro que pondere cada tramo por el dinero que había dentro dirá que el año fue malo, porque el tramo malo pesaba tres veces más.
Las dos afirmaciones son ciertas y responden a preguntas diferentes. La primera responde a «cómo se comportó lo que tengo». La segunda, a «cómo me fue a mí con el dinero que puse y cuándo lo puse».
El error habitual no es elegir mal, sino no saber cuál se está mirando. Y ocurre a diario, porque la cifra que aparece en pantalla no suele venir acompañada de la explicación de cómo se ha calculado.
Qué mide la rentabilidad ponderada por tiempo
La rentabilidad ponderada por tiempo aísla el comportamiento de los activos de las entradas y salidas de dinero. Su lógica es simple: cada vez que hay un movimiento, se corta el periodo, se calcula el rendimiento del tramo y al final se encadenan todos los tramos.
Al cortar en cada movimiento, la aportación no distorsiona el cálculo: entra al principio del tramo siguiente y no contamina el tramo anterior. El resultado es una cifra que respondería igual con una aportación que con veinte.
Esa es su virtud y también su límite. Sirve para comparar carteras entre sí, o una cartera con un índice, porque neutraliza el efecto de las fechas de aportación. Y no sirve para saber si tu dinero, en concreto, ha crecido, porque precisamente ignora el dato de cuánto dinero había en cada tramo.
Es el método que utilizan los informes de fondos y los índices de referencia, y es también el que emplea casi cualquier plataforma cuando informa de la rentabilidad de una cartera gestionada.
Qué mide la rentabilidad ponderada por dinero
La ponderada por dinero, que en la práctica se calcula como una tasa interna de retorno, busca el tipo anual que iguala el valor final con todos los flujos de entrada y de salida en sus fechas exactas.
Aquí sí pesa el importe. Una aportación grande justo antes de un tramo malo empeora el resultado, y una aportación grande antes de un tramo bueno lo mejora. La cifra recoge, por tanto, dos cosas mezcladas: cómo se comportaron los activos y cómo acertaste con el calendario.
Esa mezcla la convierte en la medida honesta de tu experiencia como inversor. Es el número que responde a la pregunta que de verdad importa en casa: el dinero que fui poniendo, ¿a qué ritmo ha crecido?
Su inconveniente es que no se puede comparar con un índice sin más. El índice no tiene aportaciones, así que comparar tu tasa interna con la del índice mezcla tu habilidad para elegir fechas con el comportamiento del mercado, y el resultado no dice nada útil.
Por qué tu bróker enseña una y no la otra
Porque informa de lo que él controla. Un gestor decide la composición de la cartera, no las fechas en las que el cliente ingresa dinero. Evaluarlo con un método que incorpore esas fechas sería atribuirle decisiones ajenas.
Hay además una razón de comparabilidad. Si cada cliente tuviera su propia cifra dependiente de sus aportaciones, ninguna sería comparable con otra ni con un índice, y el informe perdería sentido como medida del servicio.
Algunas plataformas ofrecen las dos, con nombres que no siempre ayudan. Conviene buscar en la ayuda del informe la frase que describe el método; si menciona que la rentabilidad se calcula neutralizando el efecto de las aportaciones, es la ponderada por tiempo.
Nada de esto convierte la cifra del bróker en engañosa. Es la correcta para juzgar la gestión. Simplemente no es la que hay que mirar para juzgar la propia planificación de aportaciones.
Paso a paso en la hoja de cálculo: la ponderada por tiempo
El procedimiento tiene cuatro columnas y ninguna fórmula complicada. Se prepara una fila por cada movimiento de dinero, ordenadas por fecha.
- Columna A, fecha. El día de inicio, el de cada movimiento y el día de cierre.
- Columna B, valor de la cartera antes del movimiento. El importe que tenía la cuenta ese día, con la aportación todavía fuera.
- Columna C, movimiento. Positivo si aportas, negativo si retiras. Cero en la fila inicial y en la final.
- Columna D, valor después del movimiento. La suma de B y C de esa misma fila.
- Columna E, factor del tramo. El valor B de la fila siguiente dividido entre el valor D de la fila actual.
- Resultado. Se multiplican todos los factores de la columna E y se resta uno.
El punto delicado es la columna B: hay que anotar el valor de la cartera el día del movimiento, antes de que entre el dinero. Si ese dato no se guardó en su momento, la mayoría de las plataformas permiten descargar el histórico de valoración diaria, y ahí está.
Si el periodo es distinto de un año, el resultado se anualiza elevando el producto de factores a uno partido por los años transcurridos y restando uno. Con periodos cortos, anualizar exagera: un trimestre bueno anualizado produce cifras que no significan nada.
Paso a paso: la tasa interna de retorno con las fechas reales
La ponderada por dinero se resuelve con la función de tasa interna de retorno con fechas que incorporan todas las hojas de cálculo habituales. Necesita dos columnas y un detalle de signos que es donde se equivoca casi todo el mundo.
- Columna de fechas. El día inicial, los días de cada movimiento y el día final.
- Columna de importes. El valor inicial de la cartera va en negativo, porque es dinero que entra en la inversión. Las aportaciones, también en negativo. Las retiradas, en positivo. El valor final de la cartera, en positivo.
- La fórmula. Se aplica la función de tasa interna con fechas sobre las dos columnas y devuelve directamente un tipo anual.
El signo del valor inicial y del valor final es lo que confunde. La forma de recordarlo es pensar desde el punto de vista de tu bolsillo: sale dinero cuando inviertes, entra dinero cuando recuperas. El saldo final se trata como si se retirara todo el último día, aunque no se retire.
Dos avisos prácticos. La función necesita al menos un importe positivo y uno negativo, o devuelve error. Y en carteras con retiradas grandes puede haber más de una solución matemática, en cuyo caso conviene aportar una estimación inicial a la función y desconfiar de resultados extremos.
Un año con tres aportaciones, resuelto con las dos reglas

El ejemplo siguiente es un cálculo ilustrativo, con importes inventados para ver la mecánica: no describe ningún producto ni ningún mercado concreto.
| Fecha | Valor antes | Movimiento | Valor después | Factor del tramo |
|---|---|---|---|---|
| 1 de enero | 10.000 € | 0 € | 10.000 € | 11.000 / 10.000 = 1,10 |
| 1 de junio | 11.000 € | +20.000 € | 31.000 € | 28.520 / 31.000 = 0,92 |
| 1 de octubre | 28.520 € | +3.000 € | 31.520 € | 32.150 / 31.520 = 1,02 |
| 31 de diciembre | 32.150 € | 0 € | 32.150 € | — |
Encadenando los tres factores, el producto es 1,10 × 0,92 × 1,02, que da 1,0322. La rentabilidad ponderada por tiempo del año es, por tanto, del 3,2 por ciento.
La tasa interna de retorno sobre los mismos flujos parte de un desembolso de 10.000 el 1 de enero, otro de 20.000 el 1 de junio y otro de 3.000 el 1 de octubre, frente a un valor final de 32.150 el 31 de diciembre. El resultado queda por debajo del anterior, en el entorno del medio punto anual, porque el grueso del dinero entró justo antes del único tramo negativo.
Tres puntos de diferencia sobre el mismo año y la misma cartera. Ninguna cifra miente: la primera dice que los activos rindieron un 3,2 por ciento; la segunda, que tu dinero apenas se movió porque el calendario de aportaciones jugó en contra.
Cuándo se separan mucho las dos cifras
La separación depende de una sola variable: cuánto pesan los movimientos respecto al tamaño de la cartera. Con aportaciones pequeñas y regulares, las dos cifras se parecen tanto que la distinción es académica.
Se separan mucho en tres situaciones. La primera, cuando entra un importe grande de golpe, por una venta de inmueble, una indemnización o una herencia. La segunda, en los primeros años de una cartera, cuando cada aportación mensual representa una fracción notable del total. La tercera, cuando hay retiradas importantes, que producen el efecto simétrico.
Hay una lectura útil en la diferencia entre ambas. Si tu tasa interna está sistemáticamente por debajo de la ponderada por tiempo durante varios años, el calendario de aportaciones está jugando en contra, y eso suele indicar que se aporta después de las subidas y se frena después de las caídas. Es un diagnóstico de comportamiento, no de producto, y encaja con lo que se observa al repasar los errores financieros más repetidos.
La corrección no es adivinar fechas. Es automatizar la aportación para que deje de depender del ánimo del mes, que es lo único que se puede controlar de los tres factores en juego.
El error de comparar tu número con el del índice
Un índice no recibe aportaciones. Su rentabilidad es, por construcción, ponderada por tiempo. Comparar contra él una tasa interna de retorno mezcla dos cosas y produce conclusiones falsas en las dos direcciones.
La comparación correcta enfrenta tu ponderada por tiempo con la del índice de referencia, en la misma divisa y en el mismo periodo exacto. Cualquiera de esos tres detalles alterado invalida la comparación, y la divisa es el que más se descuida.
Hay una segunda cautela sobre el índice elegido. Comparar una cartera con bolsa y renta fija contra un índice solo de bolsa no mide nada: mide el reparto, no la ejecución. El punto de referencia tiene que tener la misma composición que la cartera, o al menos declararse la diferencia. Es el mismo cuidado que exige elegir entre dos índices globales distintos antes de decidir contra cuál medirse.
Y un tercer detalle: el índice suele publicarse sin comisiones ni impuestos. Tu cartera los ha pagado. Comparar sin descontarlos exagera la distancia en contra de la cartera real.
Rentabilidad nominal, real y después de impuestos
El número que sale de cualquiera de los dos métodos es nominal. Para saber qué ha ocurrido con la capacidad de compra hay que descontar la variación de precios del periodo, que publica el instituto estadístico.
La resta simple sirve para movimientos pequeños. La forma exacta es dividir uno más la rentabilidad entre uno más la inflación y restar uno, y con cifras altas la diferencia entre ambos cálculos deja de ser despreciable.
Después vienen los impuestos, que solo aparecen cuando se materializa una ganancia. Mientras no haya reembolso, la cifra en pantalla es bruta y la factura futura está pendiente. Al calcular la rentabilidad de un periodo en el que sí hubo ventas, conviene incorporar la retención practicada y el resultado que tributará en la base del ahorro.
Esta parte depende de la normativa vigente en cada ejercicio y de la situación personal, de modo que conviene comprobar la regla aplicable antes de dar por cerrado el cálculo. La sede electrónica de la Agencia Tributaria recoge los criterios en vigor y los datos fiscales de cada año.
Qué anotar cada mes para que el cálculo salga

El cálculo falla casi siempre por falta de datos, no por falta de fórmulas. Cuatro campos por movimiento son suficientes y se anotan en un minuto.
| Campo | Qué se anota | Para qué sirve |
|---|---|---|
| Fecha | Día exacto del movimiento | Imprescindible para la tasa interna |
| Importe | Aportación o retirada, con signo | Entra en los dos métodos |
| Valor previo | Saldo de la cartera ese día, sin el movimiento | Corta el tramo en la ponderada por tiempo |
| Concepto | Aportación, traspaso, dividendo, comisión | Distingue lo que es flujo de lo que es resultado |
La columna de concepto evita el error más frecuente del cálculo casero: tratar un traspaso interno entre dos productos propios como si fuera una aportación. Un traspaso no añade dinero nuevo a la cartera y no debe figurar como flujo; si figura, ambas cifras salen mal.
Los dividendos merecen atención parecida. Si se reinvierten dentro de la misma cartera, no son flujo: son resultado, y ya están recogidos en el valor. Si se cobran y salen a la cuenta corriente, sí son una retirada y hay que anotarlos como tal.
Con esa tabla actualizada, ambos cálculos se resuelven en unos minutos al cerrar el año, y se convierten en la base para decidir si el reparto de la cartera sigue teniendo sentido o si la planificación de aportaciones necesita ajuste, en la línea de lo que exige un horizonte largo bien planteado.
Preguntas frecuentes
¿Cuál de las dos cifras debo mirar?
Las dos, para cosas distintas. La ponderada por tiempo, para juzgar el producto o al gestor y para compararte con un índice. La ponderada por dinero, para saber cómo le ha ido a tu dinero de verdad y si el calendario de aportaciones te está ayudando o estorbando. Mirar solo una deja fuera la mitad del diagnóstico.
¿Qué pasa si no guardé el valor de la cartera el día de cada aportación?
La mayoría de las plataformas conservan el histórico de valoración diaria y permite descargarlo, aunque no siempre esté a la vista en la pantalla principal. Si no fuera posible recuperarlo, la tasa interna de retorno se puede calcular igualmente, porque solo necesita fechas e importes de los flujos y el valor final. La que no sale sin ese dato es la ponderada por tiempo.
¿Las comisiones ya están descontadas en el valor de la cartera?
Las comisiones internas del producto sí, porque el valor liquidativo se publica neto de ellas. Las que cobra el intermediario por custodia o por operar suelen cargarse en cuenta aparte, y en ese caso hay que tratarlas como una retirada para que el cálculo refleje el coste real. Confundirlo infla la rentabilidad medida.
¿Sirve calcular la rentabilidad de un solo mes?
Sirve para llevar el registro, pero no para sacar conclusiones ni para anualizar. Anualizar un mes multiplica el ruido por doce y produce cifras que no describen nada. El horizonte mínimo con el que empieza a tener sentido leer el número es de varios años, y aun así conviene mirarlo junto con la evolución de las aportaciones.
¿Hay que rehacer el cálculo si cambio de bróker?
No hay que rehacerlo, hay que continuarlo. Un traspaso entre entidades no es una salida seguida de una entrada: es el mismo dinero cambiando de sitio. En la hoja se anota como concepto de traspaso, con importe cero como flujo, para que la serie histórica no se rompa y el cálculo de años anteriores siga siendo comparable.
El objetivo del ejercicio no es tener un número bonito, sino tener el número correcto para cada pregunta. Con la tabla de movimientos al día, ambos cálculos caben en una tarde de enero y sirven para el resto del año.
