El extracto llega y el fondo que aparecía descrito como la parte tranquila de la cartera está en rojo. No es la bolsa, no ha quebrado ningún emisor y los bonos que hay dentro siguen pagando lo que prometieron. Aun así, el valor liquidativo ha bajado y nadie ha explicado por qué.
La explicación cabe en una palabra que aparece en la ficha del producto y que casi nadie lee: la duración. Es el número que traduce un movimiento de los tipos de interés en un movimiento del precio, y es también el que decide cuánto tarda la cartera en recomponerse después.
Este texto está montado como una serie de preguntas, porque así es como llega el asunto a quien lo sufre. Explica el mecanismo, pone la aritmética encima de la mesa y termina con el criterio para elegir plazo según el horizonte del dinero. No anticipa nada sobre los tipos de interés futuros ni recomienda comprar ni vender ningún producto.
Las cinco ideas que ordenan el resto
- Precio y tipo van al revés. Cuando los tipos suben, el precio de los bonos ya emitidos baja. No es una anomalía: es aritmética de descuento.
- La duración es el multiplicador. Aproxima cuánto se mueve el precio ante un cambio de un punto en los tipos.
- La caída no es una pérdida definitiva. Si no se vende y el emisor paga, los cupones se reinvierten a los tipos nuevos.
- El horizonte manda. La regla práctica empareja la duración de la cartera con el plazo del dinero que hay dentro.
- Riesgo de tipos y riesgo de crédito son distintos. Uno se mide con la duración; el otro, con la calidad del emisor.
¿Por qué baja el precio de un bono cuando suben los tipos?
Un bono es un compromiso de pagos futuros conocidos: unos cupones periódicos y la devolución del capital al vencimiento. Ese calendario es fijo desde el día de la emisión y no se renegocia.
Cuando aparecen emisiones nuevas que pagan más, nadie compra el bono antiguo al mismo precio de antes, porque entrega menos dinero por el mismo plazo. La única forma de que siga interesando es que su precio baje hasta que la rentabilidad de comprarlo hoy se iguale con la de las emisiones nuevas.
De ahí sale la relación inversa. Los tipos suben y el precio de lo ya emitido baja; los tipos bajan y el precio de lo ya emitido sube. No hay ningún juicio de valor en el movimiento: es el ajuste mecánico que iguala dos alternativas.
Un fondo de renta fija es una cesta de esos bonos, valorada cada día a precio de mercado. Por eso su valor liquidativo recoge esa caída de inmediato, aunque los emisores estén pagando puntualmente y no haya ocurrido nada malo dentro de la cartera.
¿Qué es la duración de un fondo de renta fija?
La duración de un fondo de renta fija es una media del tiempo que falta para cobrar todo lo que la cartera va a pagar, ponderando cada pago por su peso. Se expresa en años y no coincide con el vencimiento: un bono a diez años que paga cupones altos tiene una duración claramente menor que diez.
Su utilidad no es medir tiempo, sino sensibilidad. La versión que aparece en las fichas, la duración modificada, se lee como un multiplicador: aproxima el porcentaje que se mueve el precio cuando el tipo de interés se mueve un punto porcentual.
Cuanto más lejos están los pagos, más pesa el descuento y más se mueve el precio ante el mismo cambio de tipos. Por eso las carteras de bonos largos oscilan mucho y las de bonos muy cortos apenas se inmutan, con independencia de la calidad de los emisores que lleven dentro.
El nombre engaña porque suena a plazo y funciona como palanca. Dos fondos con vencimientos parecidos pueden comportarse de forma muy distinta si sus duraciones no lo son, y esa es la información que hay que buscar en la ficha antes que cualquier otra.
¿Cuánto cae un fondo si los tipos suben un punto?

La aproximación de primer orden es una multiplicación: variación del precio igual a la duración modificada por el cambio en el tipo, con el signo cambiado. La tabla la desarrolla para cuatro carteras de distinta duración.
| Duración modificada | Tipos +0,5 puntos | Tipos +1 punto | Tipos -1 punto |
|---|---|---|---|
| 1 año | -0,5 % | -1 % | +1 % |
| 3 años | -1,5 % | -3 % | +3 % |
| 7 años | -3,5 % | -7 % | +7 % |
| 15 años | -7,5 % | -15 % | +15 % |
La tabla no predice nada. Traduce un movimiento de tipos dado en un efecto sobre el precio, y sirve igual hacia arriba que hacia abajo. Su valor está en permitir hacerse la pregunta antes de contratar: si los tipos se movieran un punto en contra, ese porcentaje sobre este importe, ¿lo aguantaría sin vender?
Esa pregunta, formulada antes, evita la mayoría de los sustos. La cifra que sale de la tabla no es una posibilidad remota: los tipos se mueven, y un punto no es un movimiento extraordinario en la vida de una cartera.
¿Por qué la caída no es exactamente proporcional?
Porque la relación entre precio y tipo no es una línea recta, sino una curva. La duración mide la pendiente en un punto concreto, y en cuanto el movimiento se hace grande, la aproximación empieza a desviarse.
Esa curvatura tiene nombre propio, convexidad, y juega a favor del que tiene el bono. Ante subidas de tipos, la caída real resulta algo menor que la que anticipa la multiplicación; ante bajadas, la subida real resulta algo mayor. La asimetría es pequeña en movimientos pequeños y perceptible en los grandes.
Para movimientos de medio punto o de un punto, la aproximación lineal es suficiente y no merece la pena complicarla. Para movimientos de varios puntos, la cifra de la tabla exagera la caída, y conviene tomarla como un límite pesimista más que como una estimación fina.
Hay una excepción que conviene conocer: los bonos con opciones incorporadas, como los que el emisor puede amortizar antes de tiempo, pueden comportarse al revés en ciertos tramos. No suelen ser el grueso de un fondo sencillo, pero explican comportamientos que de otro modo desconciertan.
¿De dónde sale la recuperación posterior?
De la misma causa que produjo la caída. Cuando los tipos suben, los bonos que van venciendo dentro del fondo se reinvierten en emisiones nuevas que pagan más. El precio cayó de golpe y el rendimiento futuro de la cartera subió a la vez.
Ese es el punto que casi nadie explica al enseñar la caída. Un fondo que baja por subida de tipos no ha destruido nada mientras los emisores sigan pagando: ha adelantado en el precio un rendimiento que irá recuperando por la vía de los cupones. La condición es no vender en el intervalo.
Existe una regla aproximada que ayuda a dimensionar el plazo: un horizonte parecido a la duración de la cartera permite que el efecto de la subida de tipos sobre el precio y el efecto sobre la reinversión tiendan a compensarse. No es una garantía ni una fecha exacta, pero ordena la expectativa mejor que cualquier intuición.
De ahí la conclusión operativa. Quien tenía el dinero a plazo suficiente sufre una caída incómoda en el extracto y no un daño permanente. Quien lo necesitaba el mes siguiente sí realiza la pérdida, y el problema no fue el fondo: fue haber puesto ahí un dinero con fecha demasiado cercana.
¿En qué se diferencia esto de una caída de la bolsa?
En que el calendario de pagos está escrito. Una acción no promete nada; un bono promete importes y fechas concretos, y mientras el emisor cumpla, esos importes llegan con independencia de lo que haya hecho el precio por el camino.
La segunda diferencia es la fuente del movimiento. En renta variable, una caída suele reflejar una revisión de expectativas sobre beneficios futuros, que son inciertos por naturaleza. En renta fija de calidad, la caída por tipos es un reajuste aritmético de algo conocido.
La tercera es la forma de la recuperación. La bolsa se recupera si los beneficios acompañan, y no hay un mecanismo que lo asegure. En renta fija, la recuperación tiene un motor identificable en la reinversión a tipos más altos, siempre que no haya problemas de crédito.
Nada de esto convierte la renta fija en un producto sin riesgo, y por eso conviene revisar cómo se mide el riesgo antes de fijarse solo en la etiqueta del producto, tal como se plantea al hablar de los primeros pasos al invertir importes modestos. Conservador no significa estable.
¿Dónde aparece la duración en la ficha del fondo?

En el documento de datos fundamentales y en el informe periódico, casi siempre bajo el epígrafe de características de la cartera. Los tres números que hay que localizar son la duración modificada, el vencimiento medio y la rentabilidad a vencimiento de la cartera.
El vencimiento medio suele ser mayor que la duración y no sirve para estimar la sensibilidad. Es un dato descriptivo. Quien compara dos fondos por vencimiento medio y no por duración puede estar comparando dos productos que se comportan de manera muy diferente.
La rentabilidad a vencimiento indica lo que rendiría la cartera actual si se mantuviera hasta el final y todos los emisores pagaran, antes de descontar los gastos del fondo. Es una referencia útil sobre el punto de partida, no una promesa: la cartera se renueva y ese número cambia con ella.
Los tres datos, con las comisiones al lado, permiten comparar productos con el mismo rasero. La información oficial sobre tipos y sobre el mercado de deuda pública está disponible en el Banco de España y en el Tesoro Público, y conviene mirarla de vez en cuando aunque no se vaya a comprar nada.
¿Cómo se elige la duración según el plazo del dinero?
La regla es más sencilla de lo que parece: la duración de la cartera debería parecerse al tiempo que falta para necesitar el dinero. Con esa correspondencia, un movimiento de tipos afecta al precio hoy y se compensa en buena medida por el camino.
Para dinero con fecha próxima, la duración corta reduce la oscilación a costa de rendimiento. Para dinero sin fecha o a plazo largo, aceptar más duración tiene sentido, siempre que se sepa de antemano cuánto puede moverse el precio en el peor tramo.
El error más caro consiste en elegir por rendimiento y no por plazo. Un fondo de duración larga muestra números atractivos en periodos de bajadas de tipos y arrastra a mucha gente con horizonte corto, que descubre la sensibilidad justo cuando necesita el dinero.
Y hay un caso particular que resuelve bien esa tensión: los fondos con vencimiento fijo, que mantienen una cartera hasta una fecha determinada. Su valor liquidativo también oscila por el camino, pero el horizonte queda definido de antemano, lo que facilita emparejarlo con el plazo de quien invierte. Esa forma de pensar el dinero por fechas es la misma que ordena cualquier plan de independencia financiera a largo plazo.
¿El riesgo de crédito es lo mismo que el de tipos?
No, y confundirlos lleva a conclusiones equivocadas. El riesgo de tipos afecta al precio de todos los bonos a la vez y se mide con la duración. El riesgo de crédito es la posibilidad de que un emisor concreto no pague, y se mide con su calidad y con el diferencial que ofrece frente a la deuda pública.
Los dos pueden aparecer juntos y se distinguen por su comportamiento. Una caída generalizada, con los emisores buenos y los malos moviéndose de forma parecida, apunta a tipos. Una caída concentrada en determinados emisores mientras el resto aguanta apunta a crédito.
La consecuencia práctica es que un fondo de duración corta puede ser más arriesgado que uno de duración larga si lleva emisores de peor calidad. Mirar solo la duración deja fuera la mitad de la historia, y mirar solo la calidad deja fuera la otra mitad.
Hay además un detalle que conviene tener presente al leer un extracto. Los dos riesgos no tienen por qué moverse en la misma dirección al mismo tiempo, así que un fondo que mezcla emisores de calidades distintas puede quedarse plano sin que eso signifique que dentro no ha pasado nada. Puede haber dos efectos compensándose, y el informe periódico es el único sitio donde se ven por separado.
¿Qué revisar antes de la próxima aportación?
Tres cosas, y ninguna exige más de quince minutos. La primera, la duración de lo que ya se tiene, comparada con el plazo real del dinero que hay dentro. Si no encajan, el problema no es la caída del extracto: es el emparejamiento.
La segunda, si la parte de renta fija de la cartera está haciendo el papel que se le pidió. Si se contrató para amortiguar oscilaciones y se ha movido tanto como la parte de bolsa, su duración probablemente sea mayor de lo que correspondía.
La tercera, los gastos. En un producto cuyo rendimiento esperado es moderado, cada décima de comisión pesa proporcionalmente mucho más que en renta variable. Es el ajuste que sí está bajo control, a diferencia de los tipos de interés.
Con esas tres comprobaciones hechas, la aportación siguiente deja de ser una decisión y vuelve a ser un trámite. Buena parte del malestar que produce un extracto en rojo viene de no saber qué se tiene, y ese malestar empuja a decisiones caras, como se explica al repasar qué hacer cuando la presión financiera aprieta. Entender el mecanismo no cambia el precio, pero cambia la reacción.
Preguntas frecuentes
¿Debería vender el fondo mientras está en pérdidas?
Es una decisión personal que depende del plazo, de la fiscalidad y de para qué era ese dinero, y aquí no cabe ninguna recomendación. Lo que sí se puede decir es que vender convierte una variación del precio en un resultado consumado y renuncia a la reinversión a los tipos nuevos, que es el mecanismo por el que la cartera se recompone.
¿Un fondo de renta fija puede perder dinero de forma permanente?
Puede, por dos vías distintas. Si algún emisor no paga, esa parte no se recupera. Y si quien invierte vende antes de que el efecto de la reinversión actúe, la pérdida queda realizada. La caída por tipos, en sí misma, no es permanente mientras los emisores cumplan.
¿Los fondos monetarios tienen este problema?
Lo tienen en una escala muy pequeña, porque su duración es de meses y su sensibilidad a los tipos resulta mínima. A cambio, su rendimiento sigue de cerca a los tipos a corto plazo y sube o baja con ellos, sin nada parecido a la reacción de precio de una cartera larga.
¿Sirve de algo repartir entre varias duraciones?
Sirve para no depender de un único tramo de la curva. Repartir entre plazos cortos y medios suaviza el comportamiento del conjunto y evita tener que acertar con el momento. No elimina el riesgo de tipos: lo reparte, que es una cosa distinta y bastante más realista.
¿Cómo sé la duración si mi fondo es mixto?
El informe del fondo indica la duración de la parte de renta fija y el peso que representa dentro del total. Multiplicando ambos se obtiene la sensibilidad aproximada del conjunto a un movimiento de tipos. Si el dato no aparece, es en sí mismo una señal sobre la transparencia del producto.
La caída de un fondo conservador desconcierta porque nadie explicó que llevaba dentro un multiplicador escrito en la ficha. Localizar ese número y compararlo con la fecha en que se necesita el dinero es un trabajo de diez minutos que evita la sorpresa entera.
