El aviso llega con el recibo ya cargado. La cuota sube cuarenta euros, en la oficina explican que el índice ha cambiado y la conversación termina ahí. Casi nadie comprueba si el diferencial aplicado es el de la escritura ni de qué mes se ha tomado el valor del índice.
La revisión de un préstamo a tipo variable es una operación aritmética con cuatro datos: capital pendiente, meses que restan, valor del índice y diferencial. Los cuatro están escritos en algún sitio y los cuatro se pueden comprobar con una hoja de cálculo en menos de media hora.
Lo que sigue es esa comprobación completa, pensada para hacerse el mes anterior a la fecha de revisión y no cuando el cargo ya está hecho. Incluye dónde se lee cada dato, cómo se rehace la cuota y qué hacer si el resultado propio y el del banco no coinciden. Los importes del ejemplo son un supuesto de trabajo: no son el valor vigente de ningún índice ni una previsión de por dónde va a moverse.
La comprobación, en cinco datos
- El diferencial está en la escritura. Es un número pactado el día de la firma y no cambia con la revisión.
- El índice tiene fecha. No se aplica el valor del día del recibo, sino el del mes que fija el contrato.
- El desfase es normal. Entre la publicación del índice y su efecto en la cuota suelen pasar semanas.
- La cuota se rehace entera. Se recalcula sobre el capital pendiente y los meses que restan, no sobre el préstamo original.
- Las bonificaciones caducan. Un seguro no renovado o una nómina que dejó de domiciliarse suben el diferencial que se aplica.
Qué se recalcula el día de la revisión de la hipoteca variable
En un préstamo a tipo variable el tipo de interés no es un número, es una fórmula: un índice de referencia que se mueve más un diferencial que no se mueve. Cuando llega la fecha pactada, el banco toma el valor del índice correspondiente, le suma el diferencial y obtiene el tipo que regirá hasta la siguiente revisión.
Con ese tipo nuevo se rehace el cuadro de amortización desde ese punto. El cálculo parte del capital que queda pendiente y del número de mensualidades que faltan hasta el vencimiento, y devuelve una cuota constante para todo el periodo hasta la próxima revisión.
Eso significa que la cuota nueva no se obtiene aplicando un porcentaje de subida a la cuota anterior. Es un cálculo completo que se hace desde cero, y por eso dos préstamos con la misma variación del índice pueden tener subidas muy distintas según el capital que les quede y los años que tengan por delante.
Conviene tener presente una consecuencia poco intuitiva: cuanto más avanzado está el préstamo, menos se nota la variación del tipo en la cuota, porque quedan menos meses sobre los que repartir menos intereses. En los primeros años ocurre lo contrario.
Dónde se lee el diferencial pactado, y no el que se recuerda
El diferencial figura en la escritura del préstamo, en la cláusula financiera que define el tipo de interés. Aparece como un número con dos o tres decimales sumado al índice, y viene acompañado de las condiciones que lo modifican, si es que las hay.
No sirve la información comercial de la web ni lo que se recuerda de la negociación. Solo vale el documento firmado y, en su caso, las novaciones posteriores, que son las escrituras que modifican condiciones del préstamo original y que hay que leer en orden cronológico.
Un detalle que despista: muchos contratos fijan un diferencial base y una lista de bonificaciones que lo reducen. El número que aparece en primer lugar no es entonces el que se aplica, sino el punto de partida al que hay que restar lo que corresponda por cada condición cumplida.
Si la escritura no está a mano, la entidad tiene obligación de facilitar una copia de la documentación contractual. Merece la pena pedirla y guardarla en un archivo digital, junto con el cuadro de amortización, porque hará falta en cada revisión y también el día que se plantee cambiar de banco.
El índice: qué valor se aplica y de qué mes
El contrato dice tres cosas sobre el índice y las tres importan. Cuál es el índice, con su denominación oficial completa. Cómo se determina el valor aplicable, que suele ser el publicado en un mes concreto anterior a la revisión. Y qué ocurre si ese valor no llega a publicarse, mediante un índice sustitutivo.
El punto que más confusión genera es el segundo. La cuota de un mes casi nunca usa el valor del índice de ese mismo mes: usa el de uno o dos meses antes, según lo pactado. Comparar la cuota nueva con el dato del índice que aparece en las noticias esa semana lleva de forma sistemática a una conclusión equivocada.
El valor oficial de los índices de referencia del mercado hipotecario se publica y queda accesible en fuentes públicas. Las series históricas y las definiciones se consultan en el Banco de España, que es donde conviene ir a buscar el dato exacto en lugar de fiarse de una cifra vista de pasada.
Periodicidad, fecha de efecto y el mes de desfase
La revisión puede ser anual o semestral, y eso lo fija el contrato. Con revisión semestral el préstamo reacciona antes a los movimientos del índice, en los dos sentidos. Con revisión anual la cuota se mantiene quieta más tiempo y el ajuste, cuando llega, es de mayor tamaño.
La fecha de efecto tampoco tiene por qué coincidir con el aniversario de la firma. Algunos contratos revisan en un mes fijo del año, otros cuentan desde la fecha de formalización y otros desde la primera disposición. Comprobarlo una vez evita esperar la revisión el mes equivocado.
Entre la fecha de efecto y el primer recibo con el tipo nuevo puede pasar todavía un mes más, según el día de cargo pactado. Ese desfase administrativo es habitual y no significa que la revisión no se haya aplicado: significa que se aplicará en el recibo siguiente.
La comprobación, punto por punto

La lista de abajo se pasa con la escritura abierta y el último extracto delante. Cada punto tiene un criterio de aprobación: o cuadra o no cuadra, sin término medio.
| Qué se comprueba | Dónde se mira | Criterio |
|---|---|---|
| Diferencial aplicado | Escritura y novaciones posteriores | Coincide con el pactado, ya restadas las bonificaciones vigentes |
| Índice y mes de referencia | Cláusula financiera del tipo | El valor usado es el del mes que indica el contrato |
| Periodicidad de revisión | Cláusula financiera del tipo | Han pasado seis o doce meses desde la anterior |
| Capital pendiente | Último cuadro de amortización | Coincide con la suma de capital devuelto hasta la fecha |
| Meses restantes | Cuadro de amortización | Coinciden con la fecha de vencimiento de la escritura |
| Cuota resultante | Recibo o simulación propia | La diferencia con el cálculo propio es de céntimos, no de euros |
| Redondeos y límites | Cláusulas accesorias | No se aplica ningún redondeo o límite que no esté escrito |
Si los siete puntos cuadran, la revisión está bien hecha aunque la cuota haya subido. Si falla alguno, ya hay un motivo concreto que reclamar, con el dato y el documento que lo respalda, que es distinto de llamar para protestar por el importe.
Rehacer la cuota con el capital pendiente y los meses que quedan
El cálculo se hace con la función de pago de cualquier hoja de cálculo. Necesita tres entradas: el tipo mensual, que es el tipo anual dividido entre doce; el número de mensualidades que restan; y el capital pendiente en la fecha de revisión, con signo negativo.
Sobre un supuesto de trabajo, un préstamo con 120.000 euros pendientes, 216 mensualidades por delante y un tipo resultante del 3,50 % anual da una cuota de unos 743 euros. Si el tipo resultante fuera del 4,00 %, la cuota pasaría a unos 776 euros. Treinta y tres euros de diferencia por medio punto, en ese caso concreto y no en cualquier otro.
El mismo medio punto sobre un préstamo con 40.000 euros pendientes y 72 mensualidades restantes mueve la cuota unos nueve euros. Es la misma variación del índice con un efecto tres veces menor, y explica por qué las comparaciones entre vecinos casi nunca sirven de nada.
Cuando el resultado propio y el del banco difieren en céntimos, el motivo suele ser la base de cálculo de los días o el redondeo interno, y no hay nada que reclamar. Cuando difieren en euros, hay un dato distinto en alguna de las tres entradas y merece la pena averiguar cuál.
Los cinco errores de cálculo que más aparecen
El primero es aplicar el valor del índice de un mes que no corresponde. Ocurre sobre todo en revisiones que caen en periodos de cambio rápido del índice, cuando un mes de diferencia sí cambia el resultado de forma apreciable.
El segundo es aplicar el diferencial base sin descontar las bonificaciones que el titular sí cumple. Sucede cuando el sistema no ha registrado la renovación de un producto vinculado, aunque el producto siga contratado y pagado.
El tercero es el contrario: mantener una bonificación caducada durante un periodo y regularizarla después de golpe. El titular ve una cuota razonable durante meses y luego un salto que no entiende, porque acumula el ajuste de varias mensualidades.
El cuarto es partir de un capital pendiente que no incorpora una amortización parcial reciente. Si se aportó dinero cerca de la fecha de revisión, conviene comprobar que el nuevo cuadro lo recoge antes de que se recalcule la cuota.
El quinto es no revisar en absoluto, que es el más caro de todos por frecuencia. Un préstamo hipotecario acompaña dos o tres décadas y una comprobación anual de media hora es una de las tareas con mejor relación entre esfuerzo y dinero de toda la economía doméstica, como cualquier revisión sistemática dentro de un presupuesto que se controla partida a partida.
Cuando la revisión baja la cuota, la comprobación es la misma
Las revisiones a la baja se aceptan sin mirar, y ahí también hay errores. Una bonificación mal registrada o un mes de referencia equivocado producen una cuota menor de la que corresponde, y la regularización posterior llega igual, solo que con el titular en peor posición para discutirla.
Hay además una decisión que conviene tomar el mismo día en que la cuota baja: qué se hace con la diferencia. Si el presupuesto ya estaba ajustado a la cuota anterior, esos euros se absorben en el gasto corriente en dos o tres meses y no dejan rastro.
La alternativa es tratar la bajada como si no existiera y desviar la diferencia a una cuenta separada. Ese importe sirve para amortizar más adelante, para reforzar el colchón o para absorber la subida siguiente sin tocar nada más del presupuesto.
Cláusulas que alteran el resultado: suelos, techos y redondeos
Algunos contratos antiguos incorporan límites a la variación del tipo. Un límite inferior impide que el tipo baje de cierto nivel aunque el índice caiga; uno superior hace lo propio por arriba. Los dos alteran el resultado del cálculo y los dos tienen que estar escritos para poder aplicarse.
Existen también cláusulas de redondeo que ajustan el tipo resultante al siguiente múltiplo de un cuarto o de un octavo de punto. Su efecto sobre una cuota es pequeño en términos mensuales y apreciable a lo largo de veinte años, y su validez depende de cómo estén redactadas y de cuándo se firmaron.
Si al hacer el cálculo aparece una diferencia constante que no se explica por el índice ni por el diferencial, casi siempre hay una cláusula de este tipo detrás. Localizarla en la escritura es el paso previo a cualquier reclamación, porque cambia por completo el argumento.
Bonificaciones vinculadas y el día que dejan de aplicarse

Los productos que reducen el diferencial suelen ser una nómina domiciliada, un seguro de hogar, uno de vida, un plan de previsión, una tarjeta con un gasto mínimo o un número determinado de recibos domiciliados. Cada uno resta unas décimas al diferencial base.
La comprobación tiene dos partes. Una es si la condición se cumple de hecho, y otra es en qué momento se mide. Muchos contratos comprueban el cumplimiento en una fecha concreta anterior a la revisión, de modo que domiciliar la nómina una semana tarde puede costar un año entero de bonificación.
La segunda parte del análisis es económica y casi nadie la hace: cuánto cuesta el producto vinculado frente a cuánto ahorra en intereses. Un seguro que reduce el diferencial en una décima puede costar más que el ahorro que genera, y en ese caso mantenerlo por inercia sale caro.
Ese cálculo se hace una vez y sirve varios años. Basta comparar la prima anual del producto con la diferencia de cuota entre el diferencial con bonificación y sin ella, multiplicada por doce, teniendo a mano el registro de lo que se paga cada mes de forma automática para no olvidar ningún cargo.
Qué hacer si el recibo no cuadra con tu cálculo
El primer paso es pedir por escrito el detalle de la revisión: valor del índice aplicado, mes de referencia, diferencial, capital pendiente y número de cuotas restantes. Con esos cinco datos se localiza la discrepancia en minutos, y la entidad está obligada a facilitarlos.
Si el detalle confirma que hay un error, la reclamación se presenta ante el servicio de atención al cliente de la entidad, por escrito y con el documento que sostiene la posición propia. Ese escrito tiene un plazo de respuesta y deja constancia, cosa que una llamada no hace.
Cuando la respuesta no llega o no resuelve, el siguiente escalón es el departamento de reclamaciones del supervisor. Para llegar ahí hace falta haber pasado antes por el servicio de atención al cliente y conservar el acuse de la primera reclamación.
Mientras el asunto se resuelve, el recibo se sigue pagando. Dejar de atender la cuota convierte una discrepancia de cálculo en un impago con sus propias consecuencias, y eso complica cualquier discusión posterior, sobre todo si no hay un colchón que absorba el desajuste mientras dura el trámite.
Preguntas frecuentes
¿Puedo pedir que me cambien el diferencial en la revisión?
La revisión no es el momento de renegociar: es la aplicación automática de una fórmula pactada. Cambiar el diferencial exige modificar el contrato mediante una novación o trasladar el préstamo a otra entidad, y son procesos distintos con sus propios gastos y plazos.
¿Por qué mi cuota sube más que la de un conocido con la misma hipoteca?
Porque la cuota se recalcula sobre el capital pendiente y los meses restantes de cada préstamo. Dos hipotecas firmadas con años de diferencia, o con distinto importe amortizado, reaccionan de forma distinta a la misma variación del índice.
¿Qué pasa si el índice baja por debajo de cero?
El tipo resultante es la suma del índice y el diferencial, así que un índice negativo reduce el tipo aplicable. Lo que ocurre a partir de ahí depende de las cláusulas del contrato, porque muchos préstamos establecen que el tipo aplicado no puede ser inferior a cero.
¿Cada cuánto conviene hacer esta comprobación?
Una vez por revisión, en el mes anterior a la fecha de efecto. Hacerla antes permite corregir a tiempo lo que dependa del titular, como renovar un producto vinculado, y llegar a la revisión con el cálculo propio ya hecho.
¿La entidad tiene que avisarme antes de aplicar el nuevo tipo?
La normativa hipotecaria establece obligaciones de información sobre las revisiones y sobre el tipo resultante. Lo concreto depende del contrato y de la fecha de firma, y conviene comprobar en la escritura qué plazo y qué medio de comunicación se pactaron.
¿Sirve de algo guardar los recibos antiguos?
Sirve para reconstruir el histórico de tipos aplicados y detectar un error que se arrastre desde años atrás. Con los recibos y los cuadros de amortización sucesivos se puede rehacer toda la vida del préstamo, y eso es lo que da fuerza a una reclamación.
Un préstamo hipotecario se revisa entre veinte y cuarenta veces a lo largo de su vida. Media hora antes de cada revisión, con la escritura abierta y la hoja de cálculo delante, convierte un aviso que se acepta sin más en un dato que se comprueba.
